Barcos de alquiler fondeados en el mar del Caribe
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Venezuela - Los Roques (7 días)

Gran Roque – Noronquí - Caranero - Cayo de Agua - Boca de Cote – Sebastopol – Francisquí – Gran Roque

Una de las maravillas del mundo, paraíso de los amantes del buceo y la vida en el mar, es el Archipiélago de Los Roques, frente a las costas de Venezuela. Aguas transparentes a 27 grados de temperatura, larguísimas playas de arena blanca, islas deshabitadas, barreras de coral que se observan a simple vista… Todo lo que puedas imaginar de una postal del Caribe se queda corto ante la espectacular belleza de este atolón único en el mundo.

¿Cómo visitarlo? Muy sencillo. Te proponemos un viaje náutico inolvidable: alquila un barco en Los Roques y descubre los secretos de los lugares más bellos de Venezuela.


Día 1: Gran Roque – Noronquí

Gran Roque – Noronquí

Gran Roque es el lugar en el que comenzaremos nuestro viaje en barco por el Archipiélago de Los Roques: la isla mayor y la única de todas ellas que está habitada. Con apenas 1.000 residentes, el Gran Roque es un lugar en el que encontraremos todo tipo de servicios para preparar nuestra travesía, desde conexión a Internet a pintorescas posadas en las que pasar la noche. Su ambiente es agradable y en ella podemos disfrutar de la gastronomía típica y empezar a sentir relax que se respira en este lugar mágico. Una visita imprescindible para los aficionados al buceo es la cueva de Los Sábalos: un increíble rincón natural al noroeste del Gran Roque al que solo se puede acceder en barco o velero y que se ha convertido en parada obligada para los grandes expertos en buceo de todo el mudo. Por la mañana temprano, para evitar navegar con el sol de frente y que éste nos impida ver los maravillosos fondos de arrecife por los que vamos a pasar, continuaremos nuestro viaje en velero o catamarán en Los Roques y surcaremos las primeras millas de nuestra travesía, que nos llevarán directos a la próxima parada: Noronquí.

Día 2: Noronquí – Caranero

Noronquí – Caranero

Poco frecuentada por turistas a pesar de estar a tan solo media hora del Gran Roque, Noronquí son, en realidad, tres cayos de largas playas solitarias: Noronquí Medio, Noronquí Arriba y Noronquí Abajo. Los tres, unidos, conforman una gran laguna central de arrecife en la que podemos fondear con absoluta tranquilidad cerca de la orilla: la imagen de lo que nos rodea es espectacular y la paz del lugar es abrumadora. Recorrerlas es muy sencillo, ya que se puede utilizar sin problemas el bote auxiliar y acercarse a todas sus playas, dar paseos por la arena… Noronquí nos propone reencontrarnos con la más pura naturaleza: en este cayo no hay construcciones, salvo un pequeño refugio de madera que decora una de sus extensos e innumerables arenales. Las horas de nuestro segundo día se nos pasarán absortos en la belleza del entorno y sumergidos bajo las cálidas aguas del Caribe, entretenidos entre corales. Para comer en nuestro barco de alquiler, es habitual encontrar a algún pescador al que comprar pescado fresco y disfrutarlo durante una cena mecidos por el vaivén del barco.

Día 3: Caranero – Cayo de Agua

Caranero – Cayo de Agua

Sin darnos cuenta, habrá amanecido y será el momento de zarpar y continuar el viaje náutico por Los Roques hacia las aguas transparentes de Caranero. En nuestra travesía, dejamos a un lado Los Canquises –incluidos en la zona de protección integral del parque- y llegamos a este bello lugar en el que descubriremos los deliciosos y exóticos productos de la cocina caribeña. En Caranero, existen tres famosas rancherías pesqueras, dedicadas sobre todo a la langosta y el tiburón, y se permite la pesca deportiva de especies como el pez ratón y el macabí. Fondeamos tranquilamente y nos preparamos para continuar disfrutando de una buena dosis de relax y tranquilidad sobre las finísimas arenas de sus playas. Bañarse y bucear en sus aguas es una experiencia única: la transparencia es tal que hay una visibilidad perfecta ¡de 10 hasta 30 metros! Podremos ver los famosos manglares en la zona de Remanso. Aquí, si navegamos en familia en catamarán disfrutaremos como nunca: los manglares protegen las playas del oleaje y las convierten en el paraíso de juegos de los niños.

Día 4: Cayo de Agua – Boca de Cote

Cayo de Agua – Boca de Cote

En nuestro cuarto día, nos levantamos y desayunamos con calma, admirando cómo despierta lentamente el paisaje. El sol ya no nos molestará en la travesía, así que, si nos apetece, podemos darnos un baño fresco y ponemos rumbo a lo que los abandonamos el remanso de Caranero. Aquí, nos adentramos en la zona de cayos con más fauna y vida marina: en Cayo de Agua disfrutaremos de hermosas excursiones a pie, veremos uno de los mayores criaderos de tortugas marinas del mundo y practicaremos esnórquel y submarinismo a cualquier hora del día. Peces loro, mantas, rayas… Las guas son más vivas, ya que está en mar abierto, y si navegamos entre diciembre y febrero podremos incluso llegar a nadar entre tiburones ballena, grupos de atunes y graciosos delfines. Pero Cayo de Agua esconde más de un secreto en su interior: unos curiosos pozos de agua dulce que son los que le dan el nombre a la isla. En su costa, podremos descansar con nuestro velero y pedirle a la tripulación que nos indique las mejores zonas para el avistamiento de aves. En Cayo de Agua observar a las aves es una de las actividades que más sorprenden a los visitantes, debido a la hermosura y exotismo de las especies que surcan estos cielos caribeños.

Día 5: Boca de Cote – Sebastopol

Boca de Cote – Sebastopol

Iniciamos el trayecto más largo de nuestra travesía, desde Cayo de Agua hasta Boca de Cote, una de las islas más al sur del archipiélago, en la ensenada de los corales, situada a 10 millas al sur del Gran Roque. Los amantes del submarinismo lo conocen como la joya del Caribe por su inigualable riqueza de fondos marinos, su biodiversidad natural y su alto grado de conservación: Boca de Cote. Fondeamos en su costa y nos dejamos llevar por la luminosidad de sus aguas, de mil tonalidades de azul distinto. A simple vista, desde nuestro barco de alquiler, observaremos las terrazas de coral que hacen única a Boca de Cote, y, si seguimos adentrándonos en profundidad lograremos atisbar el auténtico corazón de la barrera arrecifal sur de Los Roques. Desde Cayo Sal hasta Las Gatas, la ruta de buceo que se nos ofrece es una de las más veneradas en el mundo entero. Un lugar de peregrinaje en barco de expertos buceadores y curiosos principiantes, amantes de la vida marina. Si tenemos suerte, podremos ver barracudas, tiburones tigre, peces coralinos y hasta tiburones martillo nadando tranquilamente durante nuestro viaje en velero en Los Roques.

Día 6: Sebastopol – Francisquí

Sebastopol – Francisquí

Esta nueva etapa nos llevará al extremo más al sur del archipiélago de Los Roques, Sebastopol, una estrecha y alargada isla rodeada de fondos coralinos y cuya entrada está marcada por un emblemático faro de la armada de Venezuela. Pasamos por los estrechos canales que nos permiten navegar en esta zona pegada ya a la barrera arrecifal del Este, la llamada Boca de Sebastopol, y llegamos a la isla, justo al lado de los cayos de Los Castillos. Fondeamos muy cerca de la orilla, en una gran playa solitaria, con arenas blancas y unas puestas de sol incomparables: son muchos los que aseguran no haber visto un lugar en el que mar y tierra se abracen de modo semejante. En esta zona virgen, alejada de los principales rincones turísticos, podemos saborear la tranquilidad y descubrir algún que otro secreto de esta isla de cuento caribeño: varado en su costa, encontramos en las profundidades los restos de un antiguo galeón inglés del siglo XVIII. Tumbarse a disfrutar del sol y contemplar la espectacular vista de los manglares de Cayo Grande y Cresqui, para luego retomar el viaje náutico rumbo a la bulliciosa Francisquí.

Día 7: Francisquí – Gran Roque

Francisquí – Gran Roque

Estamos ya en la fase final de nuestro viaje en barco de alquiler y volvemos poco a poco a reencontrarnos con la civilización: Francisquí es la isla de playa por excelencia de Los Roques. Al igual que sucedía en Noronquí, al acercarnos navegando a Francisquí veremos que no es una isla sino tres: Francisquí Medio, Arriba y Abajo. Las tres forman una hermosa laguna con playas extensas junto a las que echar el ancla y tumbarse al sol. Después de una excursión por la isla, podemos atrevernos con una inmersión submarina para descubrir esa joya natural que se conoce como La Piscinita, una laguna de pequeño tamaño rebosante de corales y peces de vistosos colores. El ambiente en Francisquí es el más animado de todos los cayos que hemos recorrido. La mayor afluencia de turista no ha enturbiado la belleza de la isla. Pequeñas casas y algún bar restaurante nos permitirán saborear en un buen ambiente una deliciosa comida caribeña: pescado fresco preparado al momento por los pescadores, todo tipo de mariscos y las excepcionales langostas… Una buena comida para luego tumbarse al sol a descansar y prepararse para la vuelta en barco al Gran Roque. Allí, en la isla más grande del archipiélago dejaremos nuestro barco y nos despediremos de la tripulación: ¡hasta la próxima!

Lagoon 450 Ibiza
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